miércoles, 10 de diciembre de 2014

¿CUANDO NOS REUNIMOS?


Un empresario amigo me conto que tenia un dilema; No sabia si estaba haciendo muchas o pocas reuniones con la gente  de su empresa y que desconocía su efecto.

Para responder a su consulta, se me ocurrió contarle una historia verídica que recordé  y  que me sucedió siendo gerente de una empresa hace ya algunos años. .

La empresa en mención,  era productora de un bien industrial y entre otras cosas, utilizaba extensos patios con zonas verdes, necesarios para desarrollar parte de su proceso productivo.

En la empresa  teníamos 3 perros grandes, bravos y feos,  que servían como cuidanderos de la fabrica y se habían vuelto mascota de todos.

Una vez, llegando a la fabrica como la hacia cada mañana, el jardinero encargado de los patios, recuerdo que se llamaba Gilberto,  me abordo y empezó a hablarme en el trayecto de el parqueadero hasta mi oficina,  que era mas o menos de unos 30metros.

Su interés no era otro que quejarse  de los perros, por que estaban haciendo de las suyas en  los patios.

En ese momento yo no encontraba una solución para la situación que seguro incomodaba, pero la verdad, era el menor de los males que tenia que resolver en el día a día de la empresa que por esos días andaba en una delicada situación financiera.

El tema se complico, al menos en la visión del jardinero y empezó diariamente a acompañarme en el recorrido de mis 30 metros expresando la misma inconformidad, cada vez con mas vehemencia y  quejándose de los  canes, que seguían haciendo lo mismo.

La escena se repetía día tras día. Luego de dos semanas, se volvió una situación inmanejable, que  servía además para dañarme el día, mas que el jardinero ya me acompañaba hasta mi asiento en el escritorio, detallando lo que hacían los perritos con detalles.

La paciencia, respirar profundo y aguantar era mi formula. Para el Jardinero se había convertido en una obsesión mortificarme.

Una mañana en medio del habitual ritual, antes de sentarme en mi lugar de trabajo, lo mire fijamente a los ojos y con la voz mas seria y gerencial que recuerdo haya tenido en mi vida, le dije: “…..Gilberto, hágame un favor; reúname  a los perros ya mismo, yo hablo con ellos…(sic)”.

Hoy no me acuerdo de donde saque esa solución, pero funciono. Ese fue el ultimo día que Gilberto me acompañó en mi recorrido matutino del parqueadero a mi escritorio.


Aprendimos: yo a no darle largas a un asunto que tenia solución con una simple “reunión” y  el Jardinero a resolver lo que le toca sin necesidad de una.

LO CORRECTO Y ACEPTADO


Nos pasa que, teniendo en frente de nuestro camino una calle cerrada,  por no dar la vuelta completa, violamos unas cuadras de vía, entre otras cosas por que otro carro que esta adelante ya lo hiso.

Y que decir de el papelito que tenemos en la mano mientras caminamos por la calle, que nos encarta, que lo pensamos dejar solo donde haya algún arrume de papeles en la calle, aunque no estén en cestos de basura ni el bolsa, ni siquiera dispuestos para ser manejados como residuos, pero sentimos un alivio al dejarlo el en ese “morro” que ya estaba creado.

Pues bien, eso es lo aceptado por todos, que hagamos ese tipo de cosas, pero definitivamente no es correcto. Estos casos, son los menos graves de los que pueden ocurrir al no diferenciar entre lo correcto y lo aceptado.  Pasa también con la bicicleta que nos encontramos de frente violando vía en el centro de la ciudad, en donde ya se nos ha vuelto paisaje y no decimos nada.

Ya es aceptado que el vendedor ambulante transite en contra vía con carreta y todo por las calles del centro de la ciudad; se acepta que la moto  no haga el pare y otra vez la bicicleta con conductores incapaces de mirar el semáforo, por que no fueron puestos para ellos.  Es aceptado el perro haciendo de las suyas en cualquier parte, sacar la basura a deshoras. 

Es aceptado un hueco en la calle que se convierte en cráter, como si no fuera responsabilidad de nadie.

No decimos nada, de hecho decirle algo al de la bicicleta por que va en contra vía, o al mismo vendedor ambulante, seria mal visto y hasta lo tendrán a uno por cismático e indolente por no ser solidario. Ya es aceptado que el escombro se vote en la orilla del rio y no decimos nada. Ah, también se acepta que el caballo haga lo suyo en la calle, sin ningún problema.

La buena noticia y para que no nos sintamos tan mal, es que eso hace parte de un comportamiento social, de comunidad (no muy moderna que digamos), que “justifica” nuestro comportamiento de silencio y resignación. Seguro lo hacemos para no tener líos, para vivir en paz, para sentirnos parte del colectivo y para no tener mas enfrentamientos de esos que nos tienen cansados.


Sin embargo, lo aceptado esta lejos, muy lejos de lo correcto. La idea es que caigamos en cuenta de algunas de esas cosas y cuando las veamos, al menos nos apoyemos en nuestro vecino y nos preguntemos: ¿será lo correcto o será lo aceptado? Y hagamos algo. Con que actuemos una de cada diez veces, seguro tendremos cambios y una sociedad mas justa y ordenada.