miércoles, 26 de febrero de 2014

LA SERPIENTE Y LA LUCIERNAGA



POR: Eduardo Salazar Hoyos

El mundo empresarial es a veces difícil y complicado. Tiene gran similitud con el mundo personal, con las relaciones entre seres complejos y disimiles.


Al igual que en las relaciones personales, los empresarios adquieren enemistades y contrapesos muchas veces sin ninguna explicación. Se consiguen enemigos gratis y competencias desafortunadas con ánimos incluso destructivos que muchas veces no se comprenden.

Lejos de ser una buena y sana  competencia, como debería ser,  en oportunidades uno termina enfrentado a  unos  contendores ni siquiera buscados,  que aparecen porque si, con objetivos nada buenos ni para el mercado ni mucho menos para las personas.

Este fenómeno no es fácil de entender, pero es común. En un ambiente empresarial y social donde prima el beneficio de lo particular sobre lo general, donde los derechos llegan hasta donde se acaba la comodidad, donde las discusiones, votaciones y fallos son el inicio de la disputa y no el final de la contienda, es común que sucedan cosas como esta, la de tener enemigos y competencias feroces ni siquiera buscadas.

A pesar de lo difícil de entender esta situación, le encontré sentido escuchando a un sacerdote el domingo pasado dando su homilía, donde contaba la historia, con algo de fábula, de “la serpiente y la luciérnaga”.

Narraba el religioso que había una vez una serpiente a la  que le dio por perseguir a una luciérnaga que alumbraba de una espectacular manera. La luciérnaga huía, pero la culebra la seguía y la seguía, hasta que la primera perdió las fuerzas y no pudo volar más, quedando a punto para ser devorada por la serpiente.
 

Antes del final, la luciérnaga le pide a la serpiente como último deseo que le responda tres peguntas a lo cual la serpiente accedió; lo primero que le peguntó la luciérnaga  fue: ¿hago parte de tu cadena alimenticia? La serpiente respondió, no. Luego le preguntó: ¿te hago daño? La serpiente respondió, no. Y por último la luciérnaga le pregunto: ¿entonces por qué me comes? Y la serpiente le dijo: porque tu luz me molesta.

Creo que la historia no necesita mayor explicación; el contexto empresarial y personal está lleno de serpientes y por fortuna también está lleno de luciérnagas.

Si su empresa o usted, son una luciérnaga, no se desanime. Por el contrario, siga adelante que al final, la luz prevalecerá.  Recuerde que la evolución, que es sabia y prodigiosa, ha premiado a los que se han adaptado al cambio, a los que se han defendido inteligentemente de los enemigos, es decir de la competencia venga de donde venga  y sin importar sus objetivos.

martes, 4 de febrero de 2014

¿ CUAL ES SU IMAN ?



En términos de Mercadeo, un imán, es aquel que atrae a los clientes o por lo menos como lo incluye su definición,  genera un magnetismo que llama la atención.

Cuando se construye un gran Centro Comercial por ejemplo, se trata que este tenga un imán que atraiga clientes para todo el resto de locales, el cual generalmente es un supermercado reconocido o como lo llaman ahora una gran superficie o tienda por departamentos. Este, deberá generar tráfico suficiente para hacer el negocio de todos sostenible.

Pero el imán no es solo exclusivo de los centros comerciales; las empresas, los negocios y hasta uno mismo, tiene su imán que atrae y conquista. Recuerdo mucho que el imán de mi abuela Edelmira, a parte de su forma de ser, era su comida. Podía reunir  toda la familia alrededor de sus preparaciones.

Existen empresas que saben que su imán es el servicio o el Café que ofrecen a sus visitantes, solo por mencionar un par de ejemplos. También hay profesionales en ventas, comerciantes,  médicos y personas corrientes que conocen exactamente cuál es su imán; lo cuidan y cultivan como herramienta poderosa para generar beneficios. Para algunos su imán puede ser la sonrisa, el trato o un gran conocimiento de las cosas.

Los imanes también son propios de las ciudades y hacen parte de estrategias de City marketing; algunas conocidas tienen sus imanes establecidos y atraen todo el tiempo turistas y visitantes que se dejan conquistar. Quienes viajamos en diciembre o tuvimos las oportunidad de salir, vimos cuanta gente salió de vacaciones  a visitar ciudades queriendo conocer sus atractivos turísticos, culinarios, naturales, etc, que no son otra cosa que sus imanes.

¿Cuál será el imán de Cartago? Creo que los bordados. Celebro haber visto muchas personas, incluso en los primeros días de enero haciendo el recorrido de la ruta del Bordado. Sin embargo la idea es hacer una estrategia consistente, de todo el año, para aprovechar más visitantes en nuestra ciudad. Nuestra vocación, ya que somos carentes de una verdadera estrategia de City marketing,  no es otra que la de ofrecer servicios turísticos y recreacionales al igual que  productos como los bordados. Falta mucho, pero hemos dada pasos importantes.

Diferente a la realidad, los imanes a los que nos referimos pierden su poder si no son objeto de mantenimiento, es decir estrategia. De lo contario dejan de ser magnéticos y hasta cambian de polo. En nuestro caso Cartagueño, por ejemplo deberíamos incluir a todos los que participan de la “Ruta del bordado”, desde almacenes, restaurantes, tiendas, etc, etc  y por ultimo taxistas y lugareños para que este atractivo sea realmente un imán con mucha fuerza.

Trabaje en  descubrir cuál es su imán, el de su empresa y aprovéchelo; despliegue sus encantos y vera como llegan más clientes buscando eso que usted tiene y que llama tanto la atención.

Anímese y de ahora en adelante pregúntele a sus amigos o colegas: ¿cuál es su imán?