POR: Eduardo Salazar Hoyos
El mundo empresarial es a veces
difícil y complicado. Tiene gran similitud con el mundo personal, con las
relaciones entre seres complejos y disimiles.
Al igual que en las relaciones
personales, los empresarios adquieren enemistades y contrapesos muchas veces
sin ninguna explicación. Se consiguen enemigos gratis y competencias desafortunadas
con ánimos incluso destructivos que muchas veces no se comprenden.
Lejos de ser una buena y sana
competencia, como debería ser, en oportunidades uno termina enfrentado a unos
contendores ni siquiera buscados,
que aparecen porque si, con objetivos nada buenos ni para el mercado ni
mucho menos para las personas.
Este fenómeno no es fácil de
entender, pero es común. En un ambiente empresarial y social donde prima el
beneficio de lo particular sobre lo general, donde los derechos llegan hasta
donde se acaba la comodidad, donde las discusiones, votaciones y fallos son el
inicio de la disputa y no el final de la contienda, es común que sucedan cosas
como esta, la de tener enemigos y competencias feroces ni siquiera buscadas.
A pesar de lo difícil de
entender esta situación, le encontré sentido escuchando a un sacerdote el
domingo pasado dando su homilía, donde contaba la historia, con algo de fábula,
de “la serpiente y la luciérnaga”.
Narraba el religioso que
había una vez una serpiente a la que le
dio por perseguir a una luciérnaga que alumbraba de una espectacular manera. La
luciérnaga huía, pero la culebra la seguía y la seguía, hasta que la primera
perdió las fuerzas y no pudo volar más, quedando a punto para ser devorada por
la serpiente.
Antes del final, la
luciérnaga le pide a la serpiente como último deseo que le responda tres peguntas
a lo cual la serpiente accedió; lo primero que le peguntó la luciérnaga fue: ¿hago parte de tu cadena alimenticia? La
serpiente respondió, no. Luego le preguntó: ¿te hago daño? La serpiente respondió,
no. Y por último la luciérnaga le pregunto: ¿entonces por qué me comes? Y la serpiente
le dijo: porque tu luz me molesta.
Creo que la historia no
necesita mayor explicación; el contexto empresarial y personal está lleno de
serpientes y por fortuna también está lleno de luciérnagas.
Si su empresa o usted, son
una luciérnaga, no se desanime. Por el contrario, siga adelante que al final,
la luz prevalecerá. Recuerde que la evolución,
que es sabia y prodigiosa, ha premiado a los que se han adaptado al cambio, a
los que se han defendido inteligentemente de los enemigos, es decir de la
competencia venga de donde venga y sin
importar sus objetivos.
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