“LA ABOLLADURA”
Escuche la historia de una persona que compro un
carro nuevo, lujoso, que lo hacia realmente feliz, por que estaba cumpliendo un
sueño.
El día que estrenaba su nueva adquisición, se desplazaba
a gran velocidad por una carretera, cuando inesperadamente sintió que lanzaron
una piedra a su vehículo. Se detuvo y se percato que la piedra lanzada había
dejado una abolladura en la lamina de su auto y por supuesto se devolvió a
hacer el reclamo y a buscar el causante de semejante despropósito.
Llegó al sitio de donde le lanzaron la piedra y
encontró un niño que estaba con su mama cuidándola, en una humilde casa, al
borde de la vía y necesitaba urgente ayuda para socorrer a su madre; la única
manera que el niño tenia para llamar la atención de los que pasaban a gran
velocidad por su lado, era lanzando una piedra, lo cual evidentemente logro.
El dueño del carro,
ayudo al niño y la madre logrando al final hacer una muy buena obra. Siendo fiel a la historia
que me contaron, debo mencionar que el dueño del vehículo decidió nunca
arreglar la abolladura que la piedra dejo en la lata, para acordarse de que, a
pesar de su comodidad y sus posibilidades, las necesidades de las personas son
muchas y hay que ayudar.
Desde ese día, me he puesto a pensar cual es la
posición correcta ¿será que lo correcto es arreglar la lata del vehículo? O mas bien dejarla así para que no olvidar que hay gente
que nos necesita.
Lo que causo el niño con su piedra, es solo una huella: algo que marca, que deja
un sello como impronta, que deja una lección. Pero Imaginemos otra historia:
que tal que el responsable de la piedra
hubiera sido una hermosa dama en apuros que no podía cambiar su llanta; y que al final, luego de ayudarla en el mismo
contexto, resulto ser al amor de su vida.
¿sera entonces que tampoco se deba arreglar el carro, para acordarse toda la vida de esa persona y de que la
felicidad y el amor pueden estar en cualquier parte y que existe gente
dispuesta a dar y recibir cariño?.
Prefiero que
cada quien haga su juicio de valor y decida si arregla el carro o no. Las
huellas deben cumplir su función y dejar el rastro, la enseñanza. Nuestra
mente, que vive de imágenes y recuerdos, deberá hacer la otra parte: perdurar
lo aprendido como lección para la formación de la vida.
Al final, lo mejor siempre es arreglar lo malo y
quedarse solo con el recuerdo . Por esta vez y como muy pocas veces lo hago, le
cambiare el final a la historia original y diré que el dueño del vehículo lo
mando a reparar inmediatamente después del incidente. Celebró su acción de
ayuda y en adelante cada vez que podía, ayudaba a los demás. Es mas, la historia
nunca la conto, por que quien quiere ayudar,
lo hace en silencio y sin ningún cómplice.
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